El virus nuestro de cada día...

La desescalada está llena de contradicciones. No podemos ocupar todas las butacas de un teatro, pero sí podemos completar  todos los asientos de los aviones o del AVE. No podemos visitar a nuestro médico de cabecera, pero sí ir al dentista. Los mas mayores tenemos que guardar las distancias hasta en la playas y los mas jóvenes se amontonan en los bancos, en los parques o en botellones improvisados.

Fotos

Uno se queda  estupefacto cuando pasea por las calles de cualquier pueblo o ciudad, por ejemplo, por Tarancón. Hay como dos realidades. Por un lado, los jóvenes de treinta y cuarenta  y, sobre todo, los mayores con sus mascarillas y guardando las distancias en la calles y en las  terrazas, y  del otro , los adolescentes, sin mascarillas o con mascarillas da igual, sentados diez en un banco de cuatro, apretujados, empujándose, echándose el aliento  y mirando desesperadamente a  los móviles suyos y a los  de sus compañeros . Uno los ve así, en grupo, y se echa a temblar. Da  la impresión de estar viendo a un grupo terrorismo o yihadista. Me recuerdan los muertos vivientes de las series de televisión. No dejo de pensar en lo fácil que lo tiene el virus para estar pronto de nuevo con nosotros.  Estos grupos de niños, adolescentes o  jóvenes  sobradamente saludables que acaban de cumplir los 18, son los potenciales portadores del virus más siniestros con los que te puedes encontrar por las calles. Pienso en lo poco que tardaría en rebrotar el virus si entrase en una de sus familias. Pues unas horas porque esos niños-jóvenes se ven todas las tardes, se hacen selfies todas las tardes, se achuchan todas las tardes.

Hace unos días escuche a un señor muy enfadado gritar a un grupo que estaba de botellón  : ¨Ojalá el rebrote que venga os dé más de cerca canallas¨. Me pareció cruel, pero lo entendí.

A este respecto, un amigo me comentaba que en los primeros días de la pandemia, cuando el cielo estaba gris y no paraba de llover muertos y malas noticas, lo más jóvenes desparecieron de la calles , parecía que se los había tragado la tierra. No salían ni a pasear al perro, ni a por el pan. Se acurrucaron en los sofás de sus casas, con su móviles,  y dejaron que sus padres salieran y dieran la cara por ellos en  la calle. Y es cierto, en aquellos truculentos días, solo se veía a los más jóvenes en las ventanas o lo balcones de las casas.

Pero fueron pasaron las semanas y ,con los primeros claros, fueron los primeros en salir a pasear y  reunirse enseguida con sus amigos, con su manada, todas las tardes. Y así siguen: Unos sentados, otros de pies, unos con mascarillas,  otros sin ellas, pero todos revueltos y riéndose a carcajadas, como si todo lo que ha pasado hubiera sido solo un mal sueño.

A pocos metros de ellos  vemos a los  demás, a madres con niños en los parques, a parejas jóvenes y matrimonios mayores paseando por las calles  o a grupos de amigos sentados  en las terrazas de los bares.Todos  con mascarillas, guardando  las distancias, y saludándose con las nuevas formas higiénicas que hemos adoptado.

Es como si hubiera dos virus, el de los mayores, el de las cafeterías, oficinas y supermercados con mascarillas y distancias marcadas ,y el de los  jovenzuelos ¨asalvajados¨. Bueno todavía hay otro virus más, el oficial, el de Ayuntamientos,  Centros de Salud  o Delegaciones de Hacienda donde los empleados o no han vuelto todavía a trabajar o  las medidas higiénicas son  extremas.

Pero no, los virus no son dos, ni tres, es solo uno y sigue con nosotros, desgraciadamente lo rebrotes lo demuestran. Cuando estos días escucho en los informativos que entre los nuevos contagiados que ingresan en los hospitales hay muchos  jóvenes, pienso en la maldición de vejete. ¿ Habrá mutado el virus  y  serán los jóvenes ahora los más castigados? Parece que no, que el problema es que los jóvenes son los que menos se protegen y, por tanto, los que más fácilmente se contagian.

A un grupo de estos adolescentes y jóvenes que están aparcados en las aceras todos las tardes, les tomé hace unos días varias fotografías . Tres o cuatro chicas se me acercaron muy  educadamente para decirme, ¨esas fotos no las puede  utilizar porque somos menores de edad¨. Y efectivamente tienen razón, son menores, no puedo publicar las fotos donde se ve como infringen las recomendaciones higiénicas sanitarias ; yo eso ya los sabia, lo que quizá no saben estos jóvenes tan informados de sus derechos es que son también responsables de los  posibles rebrotes, pero quién le pone el cascabel al gato. Podría publicar las fotos con sus caras pixeladas pero no vale la pena, sus  pies ya les delatan.


Fdo. Antonio Parra

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